Uno de los productos estrella para combatir el envejecimiento es el ácido hialurónico.

Con el paso de los años, algunos signos del envejecimiento cutáneo, como son la pérdida de elasticidad, la disminución de la capacidad regenerativa de la piel, la flacidez, o la sequedad, comienzan a ser visibles en nuestra piel. Son unas primeras señales que pueden terminar provocando la aparición de arrugas.

Las arrugas, temidas por muchos, hoy día tienen fácil solución con el tratamiento con ácido hialurónico, una sustancia natural presente en el organismo que permite obtener grandes resultados.

Ácido hialurónico para cada necesidad

Existen dos tipos fundamentales de ácido hialurónico, como son el reticulado y el no reticulado. Una diferenciación que es motivada por el distinto efecto que con cada uno de ellos se puede conseguir. Es decir, si se busca rellenar arrugas será el ácido reticulado la sustancia más óptima, mientras que si se persigue la hidratación de la piel el idóneo será el no reticulado.

Además, en el caso del ácido hialurónico reticulado es posible realizar una segunda apreciación. En función de la composición del mismo, se pueden encontrar en el mercado geles bifásico y monofásicos, siendo estos últimos los que presentan mayores ventajas. La uniformidad, seguridad y posibilidad de integrarse en la matriz extracelular de la piel son características inherentes a los geles monofásicos.

Sin embargo, serán los profesionales los que se encarguen de decidir qué ácido hialurónico responde mejor a las demandas de cada persona. El objetivo ha de ser, además de solucionar las necesidades de cada paciente, obtener un resultado natural para lograr el deseado rejuvenecimiento facial.

Un requisito, el de la naturalidad, que hace necesario que el producto utilizado tenga una gran biointegración, es decir, que sea muy fisiológico, con resultados homogéneos y sin la generación de traumas en la piel.